martes, 21 de julio de 2009

Para llegar al cielo no hay que obrar nada, solo recibir.


Mirando al cielo 30
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”
Romanos 3:23-24

¿Sabia usted que para llegar al cielo no podemos hacer nada? No hay nada ni nadie que nos permita la entrada al cielo y para estar con Dios solo se necesita su misericordia y su Gracia. Nosotros los hombres estamos impedidos de la vida eterna por causa del pecado que habita en nosotros y Dios no puede ver el pecado, por eso estamos “destituidos de su gloria”.
Pero definamos “pecado”: es lo que Dios no haría, diría o vería. Dios no “ve” el pecado, no “dice” y no “hace” pecado; porque él es santo, tres veces santo. Su creación fue perfecta, pero por causa de la desobediencia, entró el pecado en un hombre llamado Adán, y por ende, el pecado pasó a todos los hombres. Es por eso que usted y yo somos pecadores porque muchas veces hemos “hecho”, “dicho” y “visto” lo que Dios no se hubiese permitido, por causa de su santidad ¿no es cierto? Todos hemos pecado, y ya sea la mas insignificante de las transgresiones que hubiésemos cometido, Dios no toleraría tal pecado. Tampoco se trata de ser menos “malos” a los ojos de la sociedad, sino de ser santos a los ojos de Dios ¿y quien lo es? Nadie en esta tierra, solo Dios.
Entonces, si estamos destituidos de su gloria y si todos somos pecadores ¿Cómo llegar al cielo? Como ya dije, por la misericordia de Dios. Y a eso se le llama “Gracia”, un don, un regalo, algo “no merecido”: “justificados gratuitamente por su gracia”.
¿Recuerda usted a la adultera? Todos la querían apedrear, pero Cristo dijo “el que esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7). ¿Quién la lanzó? Nadie, pues todos eran pecadores. La ley (que es perfecta) decía que debía ser apedreada, y todos se sentían con el derecho de hacer cumplir la ley. Sin embargo el único que podía lanzarla, el que estaba libre de pecado, Jesucristo, no lo hizo y le dijo: “¿Ninguno te condenó?... Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Eso es Gracia, eso es misericordia, eso es un regalo inmerecido.
Si usted tiene todo el deseo de ir al cielo después de su muerte, sepa que no debe hacer nada, solo aceptar el regalo de salvación ¿sabe cual es? Reconocer al salvador, Jesucristo, aceptarle como el único mediador entre Dios y los hombres, ya que ese es el único camino al cielo. Y si usted le aceptó como su salvador, no le añada nada a la “Gracia” de Dios, pues su obra es completa.
La Gracia de Dios es un regalo del Misericordioso y hacemos muy bien en vivir bajo la gracia salvadora y liberadora de Cristo, “porque por gracia somos salvos, por medio de la fe… no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). No hay obra que podamos hacer para vivir con Dios, porque él ya obró perfectamente extendiéndonos su gracia salvadora. Ahora solo nos toca vivir bajo esa gracia, confiando en Cristo, y no le añadamos nada a esa salvación; no agreguemos días especiales para guardar, porque todos los días son de Dios; no nos abstengamos de ciertas comidas, porque todo se santifica en Dios; no impongamos vestiduras exclusivas, sino ataviemos el corazón; no seamos legalistas, porque la ley fue clavada en la cruz del calvario. Vive la gracia liberadora de Cristo y vivirás lleno de gozo.

Pastor Marcelo Valdés
Marcelo_valdes_@hotmail.com